La Fiesta del Farol
Una fiesta que celebramos con los niños más pequeños para honrar la luz interior
Una fiesta con significado profundo
Se celebra en Noviembre
Con la llegada de noviembre y el adentrarse en el otoño, la Tierra se prepara para descansar. Las semillas se entierran para dormir, mientras que la luz del sol cada vez nos acompaña por menos horas. Es un tiempo de recogimiento, de cuidar y cultivar nuestra luz interior y nuestro calor, dentro y fuera del hogar.
La Fiesta del Farol nos recuerda la importancia de mantener esa luz encendida para poder atravesar la oscuridad del invierno. Esa luz se nutre del calor que nos brindan las relaciones con los demás, del compartir y del interés genuino por el bienestar del otro. También la alimenta la quietud, esos momentos de calma en los que podemos distinguir lo esencial de lo accesorio, reflexionando sobre nuestra propia vida y sobre cómo vivirla de la mejor manera posible.
Como celebramos esta fiesta
Es un momento de luz en la oscuridad, un viaje hacia el interior que invita al recogimiento y al asombro. Cuando cae la noche, la escuela se llena de un silencio expectante, y el bosque cercano se cubre de sombras suaves y misteriosas. El aire huele a pino y a cera de abeja, y una música suave, con melodías clásicas, acompaña el caminar de los niños. Cada uno sostiene su farol, y la luz viva de las velas proyecta sombras que bailan, creando un mundo lleno de magia y calidez. Caminamos juntos, guiados por la luz que cada corazón sostiene, cantando canciones hermosas, recordando que incluso en la noche más profunda, siempre hay un farol que brilla.
La fiesta se celebra en el colegio una tarde de viernes, en la que los niños más pequeños, que aún conservan la capacidad de asombro, viven este momento mágico con mucha ilusión. Para los mayores, a partir de 3º de primaria, la celebración tiene otro enfoque: elaboran faroles más complejos y se sumergen en la historia de la bondad de San Martín, con una comprensión más profunda y madura.
San Martin
En la Fiesta del Farol recordamos la leyenda de San Martín de Tours.
Martín fue un guerrero del ejército romano, cuenta la historia que en uno de sus viajes cabalgando en el camino encontró a un hombre que padecía intensamente los rigores del frío y la nieve. Al oír el ruego de aquel mendigo, Martín detuvo su caballo, para atender al hombre y partió su capa en dos y cubrió con una parte a quien lo necesitaba. Después de esta experiencia decidió dejar su historia como soldado y honrar aquel calor nuevo, aquella nueva luz, que vivía en su corazón. Calor y Luz que el hombre muriendo de frío le permitió recordar.
"Nuestros faroles encendidos, son reflejo, imagen de aquella luz que se enciende en el corazón del hombre, que nos acompaña y sirve de guía en la oscuridad en la que está época del año nos comienza a sumergir."
Rudolf Steiner